Desarrollo Sostenible ¿Qué entendemos por “necesidades de las generaciones presentes y futuras”?


Con relación al post del 8 de octubre, “Relación entre Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible”, un amigo reflexionó sobre las “necesidades de la sociedad” porque, me decía, para satisfacerlas primero hay que conocerlas. Con este post me propongo ahondar en la reflexión y, si los seguidores se animan, iniciar un debate.

En realidad esta pregunta, y otras similares, ya se las planteaba Josepa Bru en su libro Medio Ambiente: Poder y Espectáculo (1997) “¿Qué entendemos por necesidades? ¿Quién las determina y en base a qué? ¿Quiénes son los sujetos de estas necesidades: cómo actúan las diferencias de riqueza, cultura, género, etnia, nivel de desarrollo y ámbito geopolítico? ¿Cómo se miden las capacidades de las siguientes generaciones? ¿Con qué horizonte temporal trabajamos? ¿Cómo determinamos las necesidades de las generaciones futuras, la proyección temporal de las cuales desconocemos?…”. Aunque no responde de manera explícita, Jesús Granados, en su libro Manual de medio ambiente y sostenibilidad (2010), señala que para que el desarrollo sea sostenible se han de dar al menos los siguientes factores:

  • No utilizar los recursos renovables a un ritmo más grande que su ritmo de regeneración.
  • Los ritmos de utilización de los recursos no renovables no deben exceder el ritmo al cual se desarrollan los recursos renovables sustituibles.
  • La producción de residuos y polución debe ser inferior a la capacidad de absorción y neutralización de los sistemas naturales.
  • Impulsar un consumo racional basado en la eficiencia, la durabilidad y la austeridad.

Estos factores están íntimamente asociados con el concepto de capacidad de carga del medio ambiente, que se puede definir como el impacto máximo que puede soportar de forma indefinida, un ecosistema o el medio ambiente en general.

Los factores mencionados por Granados se entienden muy bien porque están relacionados con conceptos que son de aplicación en la vida diaria: si gastamos más de lo que ingresamos, al final debemos. Si no somos capaces de gestionar los residuos que producimos, al final se acumulan, y muchos otros ejemplos. En definitiva el balance responde a la ecuación básica que define todos los balances, siempre que no haya pérdidas:

Entrada + Generación = Salida + Acumulación

Pero ¿qué hay al respecto de las preguntas que se planteaba Bru? Particularmente embarazosas resultan las relacionadas con las personas: ¿quiénes son los sujetos de las necesidades?, ¿cómo medimos las necesidades de las generaciones futuras?, por ejemplo. Evidentemente las necesidades propias no las ven igual todos los habitantes del planeta, ni creo que fuera posible llegar a un acuerdo en este punto. Un ejemplo: en lugar de darle vueltas continuamente a las energías renovables y alternativas, a lo mejor es más sostenible disminuir el consumo de las mismas por parte de los habitantes del “primer mundo” pero, ¿alguien está dispuesto? ¿nos arreglaremos con un coche, en lugar de dos o tres? ¿nos resignaremos a pasar calor en verano y prescindir del ubicuo aire acondicionado? ¿renunciaremos a nuestro “derecho” a vacaciones, viajando en medios de transporte de dudosa eficiencia energética?

Todas estas cosas, y muchas más, son buenas de suyo, pero ¿están al alcance de todos los seres humanos? Y si no lo están al alcance de las generaciones presentes, ¿cómo van a estarlo al de las futuras? En definitiva, conceptualmente la sostenibilidad está muy bien, pero por desgracia creo que estamos muy lejos de alcanzarla. No pretendo hacer ningún juicio de valor, ni siquiera manifestar mi postura. Tan sólo exponer unos hechos en los que todos estaremos de acuerdo, por obvios.

Por tanto amigo mío, seguramente estas líneas no han dado respuesta a la pregunta que me hacías, pero quizá te quede el consuelo de que aunque tú y yo podamos hacer muy poco, hay muchas personas que ya han sido capaces de darse cuenta del problema, y ese es el primer paso para encontrar la solución. Y, para terminar, enunciar una frase que me gusta mucho (no es mía) y que resume los principios de la Responsabilidad Social: “Todo lo que no se da gratis, se pierde”.

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